Diciembre tiene esa costumbre: la familia se reúne alrededor de una mesa y ahí se queda, horas. Este proyecto partió de ahí, de querer que ese centro valiera la detención.
Las flores no se pusieron sobre la mesa: se pusieron en el centro de ella. Un jardín corrido que atraviesa el largo, y la comida alrededor. Esa inversión —el jardín adentro, los platos afuera— es lo que cambia la sensación de sentarse.
Cada flor se eligió en función del concepto, no al azar: la escala del jardín, la altura que no estorba la conversación, el color que convive con la comida.
Este es uno de nuestros proyectos florales a la medida. Todos empiezan igual: con una conversación sobre el espacio, la ocasión y la intención, antes de pensar en una sola flor.



















