La pregunta de la que partió todo: cómo representar con flores la delicadeza y la fuerza de cada joya. Dos cualidades que en una pieza conviven sin esfuerzo, pero que en una composición floral hay que buscar a propósito.
Sterling Joyeros estrenaba tienda, y el encargo fueron varias composiciones repartidas a lo largo del espacio remodelado. Cada una con su propio peso, pero todas hablando el mismo idioma.
Las orquídeas phalaenopsis se llevan el protagonismo: caen, se descuelgan, ocupan el aire. Alrededor trabajan las hortensias, el musgo, las campanas y otras bellezas florales que sostienen la escena sin disputarla.
Cada composición se pensó como un marco. No para acompañar la joya, sino para enmarcarla: dirigir la mirada hacia la pieza y devolverle la atención que merece.



















